El Escorial.

Residencia ubicada en un terreno de montaña que se adapta a una pendiente natural pronunciada, es una vivienda flexible y transformable, que puede crecer y cambiar junto con sus usuarios.

Al acercarse a la casa El Escorial se puede percibir una personalidad cerrada, pero al mismo tiempo cálida, un lugar que guarda una gran cantidad de secretos, espacios que intrigan, que seducen y que inspiran a vivir en armonía.

Desde la fachada frontal la arquitectura se muestra franca y comunicativa, se puede intuir una vocación específica, donde los volúmenes de la derecha están orientados a lo social y los de la izquierda hacia lo privado y de servicios.

La residencia está ubicada en un terreno de montaña a las faldas de la Sierra Madre, donde la principal complejidad se basó en la existencia de una pendiente de 9 metros de desnivel. La vivienda se localiza dentro del sector español de Valle de San Ángel, en Chipinque, una de las zonas más exclusivas de San Pedro Garza García.

 

El proyecto fue realizado para una pareja joven con tres hijas, quienes buscaban una casa que pudiera adaptarse a sus necesidades presentes y futuras, especialmente conforme sus hijas crecieran, haciendo énfasis en que fuera de poco mantenimiento.

El concepto principal de diseño se basó en una vivienda flexible y transformable, con la capacidad de crecer de acuerdo a los requerimientos o cambiar más concretamente en caso de venderse o rentarse. 

Al mismo tiempo, uno de los motivos recurrentes fue maximizar las impactantes vistas de la montaña y la ciudad que se tienen desde esa altura, por esta razón cada uno de los espacios posee esta conexión con el entorno, aprovechando claramente su contexto natural.

Siguiendo esta idea, el proyecto se abrió hacia el norte, donde se colocaron la mayoría de las ventanas para aprovechar la luz natural al máximo, mientras que se cerró hacia el sur, donde se mantuvo una mayor privacidad y protección solar

 
 

Al adentrarse a la residencia, el visitante es recibido por una serie de escalones de recinto volcánico que a su vez dirigen hacia una cubierta metálica ligera, la cual sirve como protección climática y como punto de referencia de la entrada principal.    

El Escorial es una casa que vive de la luz que se introduce al interior, siendo su distribución una clara es evidencia de sus propias funciones. La intención siempre fue crear un hogar que se adaptara a ellos, y no al revés, un lugar que les diera las máximas posibilidades a sus habitantes para crecer como individuos y como familia, un motivo recurrente dentro de la metodología de diseño basada en el usuario.

Debido a la compleja topografía, la estrategia constructiva se basó en escalonar el terreno por medio de taludes compensados, empleando los muros de contención de concreto reforzado como elementos estructurales principales para la casa y rigidizando la edificación por medio de marcos de acero que delimitan justo por el centro la residencia.

La propuesta estructural y arquitectónica dio como resultado una vivienda en tres niveles, que pueden ser identificados como planta de acceso, planta alta y planta baja.

En la planta de acceso, los habitantes son recibidos por un muro central que sirve como distribuidor y organiza el recorrido a través del espacio, ya sea hacia la oficina o hacia las áreas sociales y la cocina. La sala y comedor viven de una doble altura que aporta una amplitud espacial que se complementa eficientemente con la misma continuidad de la distribución, donde por medio de puertas corredizas se puede ampliar o reducir el espacio según sea la necesidad. Vale la pena mencionar, que como muro divisorio entre la sala y la oficina se diseñó con librero de madera por ambos lados de acuerdo a las características específicas de estos espacios. La cocina tiene una vista espectacular que permite que la familia pueda convivir en esta área todos los días.

El garaje de acuerdo con la reglamentación se diseñó para 5 vehículos, sin embargo, aprovechando que no ocupan todos los espacios en la actualidad, se utilizó el módulo de 2 cajones como un cuarto de juegos para las niñas, el cual a futuro puede volver a convertirse en estacionamiento con un sistema de portones corredizos independientes.  

En la planta alta, se localiza el área privada, donde se llega a una sala distribuidora familiar, donde también se pueden realizar actividades recreativas y de aprendizaje. Igualmente, se encuentran las recámaras principal y la secundaria, con sus baños y vestidores privados.

 

En sintonía con la adaptabilidad, se dispuso la recámara secundaria como un gran espacio donde pudieran convivir y crecer juntas las niñas, pero que en el futuro pudiera dividirse en dos cuartos independientes, ya que el espacio se habilitó desde un inicio con dos puertas y dos baños.   

En la planta baja, se planteó un área social como cuarto de reuniones con un bar, donde existe una salida a la terraza y al patio. También, en este nivel se ubicó una recámara de visitas, que en su momento el dueño tiene la posibilidad de transformar la planta entera en un departamento independiente con acceso por el jardín y su propio estacionamiento.

Es importante acentuar que Greenfield tiene un compromiso claro por completar la totalidad de la atmósfera para el usuario, diseñando y construyendo piezas de mobiliario y definiendo complejos detalles técnicos en escaleras, barandales y techumbres, los cuales se convierten en el sello particular de su arquitectura. Igualmente, se construyeron macetas de concreto maximizando su durabilidad.

La escalera, es uno de los detalles con más impacto visual y funcional de la casa. Se diseñó en forma de “u” como parte de un núcleo de circulación vertical, la cual recibe la luz natural desde el muro y el techo, disfrutando de efectos de luz únicos durante el transcurso del día.

La estructura de la escalera se basó en un muro central de concreto aparente entablerado, donde se integraron huellas en cantiliver de sección compuesta de concreto, empleando perfiles de acero “c” con un interior de concreto, para rigidizar las piezas, y un recubrimiento de tablón de madera como acabado final. Estas piezas fueron prefabricadas por ellos mismos para después empotrarlas y conectarlas al muro, colocándolas en voladizo exhibiendo un efecto dramático que se acentúa con la iluminación indirecta.

La losa de azotea de la casa se definió en dos aguas con una pendiente del 4% para mejorar el desagüe pluvial. En esta losa no se colocaron pretiles con el objetivo mantener lo menos obstruido posible el techo, funcionando como una quinta fachada. Las áreas de máquinas se resolvieron por medio de charolas que quedan suspendidas a uno de los costados de la construcción. 

 

Para El Escorial, ingeniosamente se reutilizó la piedra que se obtuvo de la excavación como parte de las bardas frontal y posterior, imprimiéndole un toque muy personal y una conexión con el lugar. Adicionalmente, se cuidó de manera particular el aislamiento térmico, utilizando aislantes de 6” en los muros perimetrales, garantizando el confort térmico y brindando un sistema de aire acondicionado eficiente.

La paleta de materiales se basó en utilizar los acabados aparentemente, especialmente en el concreto entablerado y el acero, lo cual permite que la residencia sea de bajo mantenimiento. Además de éstos, se utilizó un piso de mármol que alta durabilidad en un tono gris y continuamente se empleó madera de nogal en tono natural para mobiliario, pisos y detalles particulares. Adicionalmente, se seleccionó el mármol negro Monterrey para diversas cubiertas de muebles, así como el granito negro absoluto para la cocina y bar.

En el patio y el jardín, se aprovechó la parte más baja del terreno, dando pie a diversas actividades en familia y sociales. Para poder conectar la planta de acceso con esta área, se planteó una serie de escaleras externas que permiten disfrutar de un recorrido por la parte exterior de la casa, apreciando los árboles nativos, muros de piedra, corredores y la demás vegetación de la región, la cual requiere poco mantenimiento y riego.

En un futuro, en el caso particular de querer vender comercialmente era muy poco atractivo comprar una residencia de esas dimensiones con solo dos recámaras, por lo que se planteó la capacidad de dividir la recámara secundaria en dos, habilitando dos puertas y dos baños en esa área, lo cual funciona en sintonía directa con las necesidades de las niñas al crecer. De la misma manera, en caso de querer rentar, el cuarto de visitas en la planta baja junto al bar se puede convertir en un departamento independiente. 

El Escorial exhibe una arquitectura inclusiva, que busca lo mejor para sus habitantes, optimizando sus espacios para albergar y materializar los deseos de la familia. Sin duda, esta casa es un reflejo del modo de vida de sus habitantes, un fiel espejo que registre y se transforme conforme el paso del tiempo, ofreciendo múltiples posibilidades. 

 

 

FICHA TÉCNICA:

Texto: José Juan Garza Cavazos

Fotografía: www.documentaciónarquitectónica.com